Como siempre dije: Yo, lo sabré

Comparto con vosotros otro nuevo testimonio que me llega redactado a manos de su protagonista, "P". De nuevo, gracias por confiar en mi para caminar de vuestro lado en vuestros procesos personales, en vuestra aventura de crecimiento, toma de consciencia y auto-realización.

 

Para "P", la maternidad ha sido su sueño desde toda la vida, casi incluso desde antes de lo que puede recordar. A pesar de ello, las dudas, los miedos, los "y si...", se han apoderado de la situación en determinados momentos. Y, como no, el control.

 

La necesidad de sentir que uno tiene todo bajo control es una de las tareas que más nos ocupan y preocupan en general. Y ese es precisamente el trabajo que hemos de hacer, soltar el control. Soltar la necesidad de tenerlo todo entre las manos. Aprender a vivir cada momento y exprimirlo al máximo. Experimentarse por completo en cada nueva situación que nos va poniendo en frente esta fascinante vida. Porque esta vida es una aventura y así hemos de vivirla.

 

¡Gracias "P" por contarnos tu historia!

El milagro de la vida

Más pequeñas que una gota de lluvia y se transforman en hermosas criaturas. Y, ¿cómo saber qué gota será, dentro de un mar inmenso de opciones? ¿Cómo descubrir cuándo llegará ESA gota a tu interior y se afincará como si de tu propia piel se tratase? Muy sencillo: no lo sabes y no lo sabrás hasta que llegue el momento. Siempre he dicho “yo lo sabré”. Bien, pues no.

 

Pasamos la vida intentando dirigir el camino del agua, cuando es sabido que ni a penas las presas la pueden detener. Intentamos controlar su caudal, su dirección, su desemboque… Para. Para y escucha. Eso que oyes, es el silencio y es lo único que sabes ahora, es decir, que el agua fluye. No sabes hasta cuándo la oirás, ni muy bien hacia a dónde va. Solo sabes que la necesitas y que te lleva, flotando, hacia tu meta, tu propósito.

 

Al tomar la decisión de ser mamá las dudas, los miedos, las barreras… te inundan y, eso ocurre porque no nos dejamos llevar por la corriente del propósito que hemos tomado. ¿Lo haré bien? ¿Me dolerá? ¿Me comprenderán? La pregunta por excelencia: ¿seré buena madre? Pues a todo esto, y hablo en primera persona, por mucho que intentes darle respuesta, no podrás. Es más, me atrevo a decir que, aunque sea tan común como que salga el sol por la mañana, tomar la decisión de tener un hijo es uno de los pasos que más desequilibra emocionalmente a la mujer. Creo que es debido, una vez más, a los miedos, la mayoría creados por nosotras mismas. Empiezas a analizar hasta el más mínimo detalle que se te pueda ocurrir. Como todo en esta vida no es o blanco o negro, seguramente muchas mujeres no sentirán ni habrán sentido todos estos miedos que comento, ¡y qué bien!

 

¿Estoy preparada? ¡Equilicuá! La pregunta del millón, que muchas de vosotras os habréis hecho una y otra vez con el paso dado ya o sin dar todavía. Veamos… ¿Estabas preparada para que se te cayeran los dientes? Piénsalo un momento. Imagina que se te cayeran ahora y debieras estar mellada una temporada. Algo muy desagradable, la verdad. Pues a los 6 años, que se te moviera un diente, que te saliera un poquito de sangre o guardártelo en la mochila durante horas, era motivo de celebración. Y, ¿por qué a ellos así les parece? Porque no le dan tantas vueltas a qué puede ir mal, y se quedan con el lado positivo de cada cosa que ocurre. Claro que estás preparada/o para que se te caigan los dientes de niña, para recibir tu primer período en la adolescencia, para dar ese primer beso y, por su puesto, para ser mamá. Que, ¿da cosita? Claro, la vida cambia, eso es una realidad. Vas a emplear gran parte de tu tiempo (que tienes mucho, créeme) a los cuidados del bebé, pero no te quedas sin él, como decía: “tienes todo el tiempo del mundo”.

 

Acerca de mí… Podría decir que soy una persona a la que le ha gustado tener todo bajo control siempre, a la que los imprevistos no le gustan y a la que le gusta ir siempre un paso por delante. Sin embargo, la vida te pone frente a ti aquellas cosas de las cuales tienes que extraer un aprendizaje. Ahora mismo, y sin ser aún muy consciente del paso que voy a dar, voy caminando por la vida sin pausa pero sin prisa (haciendo un guiño a Melendi). Todo empezó de manera precipitada, haciéndome una y otra vez las mismas preguntas, buscando mil artículos, pensando en ello decenas de veces al día y, no. Ese no es el camino. Gracias a mi consciencia y a que tengo alrededor a personas que me ayudan a ver mejor entre las turbias tinieblas de lo incierto y de lo desconocido, me he recolocado. Para redireccionar mis pasos, tuve que llegar al fondo del asunto: “no quiero ser mamá todavía porque tengo miedo a dejar de ser yo”. En el momento das con el origen de todos los miedos, todos esos miedos, todas esas ramitas que salen de él se van secando y cayendo. Parece que no, pero es más sencillo así. Con el tronco (tu miedo) colocado delante de ti para poder deshacerte de él, viendo que todo aquello que crees acerca suyo es irracional y muchas veces inventado, sí.

 

Respira, párate y piensa. Relativiza, coloca, sé valiente. Eres absolutamente capaz de todo aquello que te propongas. La niebla que esconde a tu verdadera capacidad se disipa si así lo deseas. Ponte en marcha y, como comentaba al principio, siempre dije “yo lo sabré”, pero no, hasta que no ocurre, no sabes nada y eso es precisamente lo bonito del camino de la maternidad.

 

Olaya Martínez Gil

Psicóloga en Valencia

 

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Nº de Colegiada CV-13970