La historia de "E". Tercera Parte

Seguimos caminando de la mano de "E" y el testimonio de su historia en el camino hacia la maternidad. Como el diagnóstico de problemas relacionados con la infertilidad la ha llevado a pasar por diversos procesos de Reproducción Asistida y como, gracias a ellos, consiguió hacer realidad su proyecto, deseo, meta e ilusión de ser mamá.

 

Muchas cosas han pasado desde que "E" comenzara en este camino y ha decidido compartirlas con todas nosotras. 

 

Gracias de nuevo por tu generosidad. Una vez más me reitero... ha sido un auténtico placer conocerte, compartir y acompañarte y ver toda tu progresión. Como psicóloga en infertilidad, es una auténtica alegría ver casos como el tuyo que demuestran que cuando uno lo desea, todo pueda cambiar y que cuando uno se propone algo desde lo más profundo de su ser, ese algo termina llegando, cueste lo que cueste. 

 

 

"Cómo experimentamos el camino es fundamental para que, una vez llegados a la meta, saborearla con 

placer e ilusión sea la única opción"

- Olaya Martínez Gil -

Curando Cicatrices

A. quería que volviéramos a intentarlo, pero yo necesitaba tiempo para curar mis cicatrices, pero sobre todo el dolor de mi alma. Tuve un proceso de duelo como el de cualquier pérdida. “El camino de las lágrimas” de Jorge Bucay me acompañó durante ese tiempo y me sirvió de gran ayuda. Me volqué en D. que era el regalo que la vida me había dado y poco a poco también curé las heridas que habían salido hacia A.

Aprendí que en la vida no podemos esperar nada de las personas, que todo lo que nos encontremos es un regalo. En la vida cada experiencia buena y sobre todo las malas, traen una gran enseñanza.

 

Esta sin duda ha sido la mayor piedra con la que me encontrado en el camino de la vida, de mi vida de 38 años. Todavía hoy la recuerdo con dolor, y a la vez con resiliencia. 

 

Dejamos pasar un tiempo, para algunos mucho, para otros poco... Para mí, el necesario. Y volvimos a la carga... Ahora había que empezar tratamiento desde el principio porque no quedaban congelados.

Pasado un año volvíamos a estar otra vez enfrascados. Esta vez habían sido fecundado un montón de folículos, tantos, que los dejaron unos días más para ver cuáles llegaban a blastocito y así, conseguimos seis.

De estos seis me colocaron uno y congelaron 2+2+1.

 

Esto dicho así parece muy rápido, pero por supuesto que otra vez controles, pinchazos, recetas visadas, jeringas, pastillas, parches, óvulos vaginales, análisis de sangre... días de llegar tarde al trabajo, organización familiar para llevar a D. a la guarde o recogerlo, ruleta rusa de las hormonas, punción, sedación..., interrumpir planes, aplazar otros porque no sabes en que momento te van a llamar... Y meses y tiempo... Porque en todo esto el tiempo es un factor que te va desgastando mucho.

 

Todos ellos, exceptuando el último, fueron betas negativas....Habíamos vuelto a la carga a finales del 2012 y nos plantamos en el 2014.

¡Lo conseguimos! Comienza un nuevo embarazo

Dos largos años, pero volvíamos a estar embarazados, D. iba a tener un herman@.

Porque esa es otra, nuestros intereses como pareja eran diferentes a la hora de tener este siguiente bebé. Yo quería darle un herman@ a D y A quería tener otro por si le pasaba algo a D que no nos quedáramos solos... Aquí lo vivido por cada uno marcaba nuestros deseos.

 

Cuando estaba de 9 semanas empecé a sangrar un montón me fui al hospital y nos dicen que no hay latido, me pongo en contacto con mi gine (que a pesar de todo había vuelto a ella) y me dice que ese mismo día tiene quirófano que ingrese y me hace un legrado.

¿Así, sin repetirme la eco ni nada? ¿Sabiendo todo lo que he pasado?

Como no nos ve nada convencidos me dice que esperemos una semana más y nos vemos en su consulta, aunque seguramente a lo largo de esa semana el cuerpo lo expulsaría... Pues señores y señoras a la semana había latido!

Me pidió mil disculpas y todo lo demás. Pero mi credibilidad y confianza en ella habían desaparecido.

 

Aunque aquel sangrado apuntaba que algo no iba bien. En la eco de las doce semanas mi ángel (a partir de entonces siempre las pedía con ella) nos dice que no hay latido. Mi ginecóloga me hace un legrado. Hacen un estudio y no tiene nada que ver con la displasia. Fue mi fin con esta ginecóloga.

 

Yo tiro la toalla, no quiero sufrir más. Estoy cansada, agotada... Ya soy madre,  ¿Por qué estirar más la cuerda?... A ver si se va a romper...

 

Pues no, no tiré la toalla. No lo hice y un año después lo volvimos a intentar. Fuimos a una clínica privada, contamos todo el caso y nos recomendaron FIV+ICSI... ¡y preparar el bolsillo porque aquí costaba una pasta!

 

Volvemos a la clínica donde me cubría mi seguro y nos dicen que ahora nos recomiendan lo mismo, y ¿por qué las veces anteriores no? Imagino que funcionan con protocolos, pero mientras la mujer se va consumiendo.

El ICSI nos lo pagamos de nuestros bolsillos... No me quiero ni imaginar la de dinero que se gastaran algunas parejas... Si al final hay embarazo será el mejor dinero invertido del mundo.

 

Y otra vez pinchazos, óvulos, análisis, controles, punción... Quien me diga que no me lo he currado para ser madre está muy equivocado.

He sufrido, he caído, me he vuelto a levantar, me he estampado, me he levantado de nuevo, he estado a punto de tirar la toalla, he llorado y mojado miles de pañuelos, he sido consolada a veces por quien menos me lo esperaba... pero he seguido hacia delante... tomándome mis tiempos, pero siempre hacia delante.

 

Salen tres embriones y uno después de la ICSI es apto... ¡allá vamos! Llegados a este punto si que tenía claro que pasara lo que pasara lo iba a aceptar... que no quería seguir luchando. Yo ya había conseguido ser madre y me daba igual lo que pensara A. Cambié de ginecóloga y empecé con otra que me ha dado confianza en cada paso que hemos dado, me ha permitido naturalizarlo todo más, dejando que las cosas pasaran de la forma más natural.

Pero quizás esa resignación, aceptación... hizo que M se quedara conmigo. Y en Noviembre de 2015 llegaba mi niño arco iris... mi alegría, mi debilidad, mi ojito derecho... mi esperanza ante la vida.

 

¡Qué felicidad! No podía pedir más... mis dos chicos D y M cinco años de diferencia. Mil cosas  habían pasado por medio, pero ahí los tenía a los dos. Dos hermanos para discutir, jugar, encubrirse, quererse, pegarse... para aprender de la vida. A D. le podré hacer muchos regalos a lo largo de su vida, pero creo que el que mejor le he hecho, por el que más he luchado y que más me ha costado a sido su hermano, M.

 

...y en toda esta felicidad, este descanso familiar, este disfrutar de los pequeños momentos, una noche loca, un polvo rápido y ...

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Nº de Colegiada CV-13970