La mente idealizadora

Expectativa: yo la definiría como la idea endulzada de conseguir algo en cuestión y que normalmente una vez ese algo ha llegado, viene seguida de una curiosa sensación: quizás un…no era para tanto.

 

¿Cuántas veces hemos generado expectativas exacerbadas por alguna cosa y cuando la hemos conseguido nos ha quedado un “regustillo” amargo? A veces la sensación de: esperaba algo más o, me lo imaginaba diferente.

 

Normalmente cuando inventamos mirando al futuro lo hacemos desde la invención en ocasiones pesimista y en ocasiones optimista. A mi siempre me gusta decir: “Si te vas a poner a inventarte el futuro, que sea en positivo”. A partir de hoy le añadiré algo más “que sea en positivo y que sea REALISTA”.

 

Es por ello que hoy me gustaría que nos fijásemos en especial en aquellas veces que miramos hacia una posibilidad futura como si fuese lo mejor de lo mejor, la situación ideal, la panacea, lo que va a salvarnos la vida o hacernos más felices. Ese: “lo que más quiero para ser feliz es…”

Lo que más quiero...

Somos ricos en cosas que nos pueden hacer potencialmente felices. El sencillo acto de creer que una sola será el motivo de nuestra absoluta felicidad ya es un error. La capacidad de observar y sentir que la felicidad está en todas partes, te cambia la vida.

 

Volviendo a ese “lo que más quiero en la vida”, si está fuera de ti, entonces ya estamos empezando mal el juego. Si hablásemos de un partido de tenis, para ganar, todo lo que más necesitas forma parte de ti. Está en tu poder. Eres tú, es tu juego, es la práctica diaria y el esfuerzo en cada sesión de entrenamiento, es tu concentración, tu técnica y tu motivación… Pues con la vida ocurre exactamente lo mismo. Quien gana realmente el partido de la vida es quien la vive cada día, con ojos abiertos y “disfrutones”, buenas dosis de realismo, con paz, confianza, mucho entrenamiento y serenidad.

 

De idealismos no puede uno vivir, sino es posible que ocurra algo: en multitud de ocasiones puede uno sentirse defraudado por la vida.

 

¿Ilusión? ¡sí! ¿Soñar? ¡Si! ¿Pensar que no puede haber nada mejor? ¡Para nada! Idealizar una cosa, una persona o una situación, puede llevarnos a la decepción. Está bien aprender a mirar todo con realismo, intentar (dentro de la subjetividad que es tema a parte) ver algo con la mayor fidelidad posible a lo que es, observar a alguien como quien es.

 

Porque siempre existe algo mejor, siempre hay más posibilidades y en la medida en que yo me abro a ver la vida en panorámico e integrar la idea de que cualquiera de esas posibilidades puede ser buena para mí… consigo vivir con mayor paz y serenidad, e incluso, pasión.

 

En consulta a mis pacientes les explico esto de la siguiente forma: en un momento determinado yo (desde la mente idealizadora) puedo creer (que no saber) que una cosa es lo mejor para mí, pero siempre, siempre me digo… eso creo, pero puede me esté equivocando. Es la manera que tengo de salvaguardar mi ilusión y mi confianza por la vida. Ambas características hacen de ella una vida feliz en la mayoría del tiempo y no voy a jugármela por una creencia solo… primero tendré que comprobar si esa creencia es verdad para mí.

 

¿Cómo? Si creo que algo es lo mejor para mí y  yo participo saludable y activamente en su consecución, entonces sabré que efectivamente lo era. Si no llega, confío en que lo mejor para mí es verdaderamente lo que está sucediendo, en este momento. Puede que hoy no sea aparentemente lo mejor, o que yo no lo interprete como lo mejor, en cambio si lo sea dentro de un poco más de tiempo. La vida sabe más y la vida es mi amiga y me quiere. Juega en mi equipo, no voy a desconfiar de ella. Nunca.

 

El problema de la mente idealizadora es que siempre está comparando. Compara lo que “debería ser” con lo que realmente es y, en muchas ocasiones, no es exactamente como se había pensado. Porque nuestra mente tiende a ir más allá siempre y nuestro ego, también. Y ahí es donde viene el problema. El ego sabrá cómo hacernos sentir mal si las cosas terminan no siendo exactamente como habíamos pensado.

 

No me gustan las decepciones, saben muy amargo. Así que creo que es interesante vivir desde una mente práctica y experimental, mucho más que hacerlo desde una mente idealizadora. Vivir el momento presente, con lo que sucede en el presente y como sucede en el presente y cuando me ponga a jugar a los viajes en el tiempo, lo haré siempre pensando en que una posibilidad puede gustarme mucho, pero que si finalmente es otra la que se materializa, habiendo trabajado yo con mi constancia y mi empeño, será para mi mayor bien. Y remarco la idea de “habiendo trabajado yo con constancia y empeño” porque, por descontado, somos seres activos y co-creadores de nuestras realidades.

 

Así que, idealizando lo menos posible aunque sí ilusionándome mucho con cada uno de mis proyectos, yo: Creo (de creer), Creo (de crear) y confío en que lo que sea mejor, es exactamente lo que va a llegar.

 

Olaya Martínez Gil

Psicóloga en Valencia

 

Escribir comentario

Comentarios: 0

Formación:

 

Nº de Colegiada CV-13970